Nautilus, el pulpo de provecho

Nautilus - el pulpo de provecho
613 palabras - 4 min. de lectura

Nautilus era un pulpo que desde pequeño se mostró alegre y divertido. Llegado el momento, sus padres lo apuntaron en un colegio para que, según ordenaba la tradición, se hiciera un pulpo de provecho.

El primer día de colegio le resultó muy divertido, le encantaba jugar con otros pulpos de su edad y el colegio le brindaba la oportunidad de rodearse de otros jovencitos con su misma pasión por el juego. Al tercer día de cole, empezaron las primeras clases de matemáticas y lo primero que debían aprender los pulpos, era a contar. Para ello, utilizaban sus tentáculos. Razón por la que su sistema de numeración llegaba del 1 hasta el 8.

En el mundo de los pulpos el 8 era el número patrón por el que que se regía todo. No en vano, cuando algo sobrepasaba esta frontera se convertía en incontable. Para enseñar a contar a los alumnos, el profesor les hacía levantar un tentáculo y hacía que todos entonaran en voz alta «U-N-O», luego les hacía levantar el segundo tentáculo y todos debían gritar «D-O-S». Esta secuencia se repetía hasta que todos los alumnos tenían sus ocho tentáculos en alto y gritaban «O-C-H-O».

Cuando la cuenta llegó al ocho, Nautilus observó perplejo que a él aún le faltaba un tentáculo por levantar. En ese momento el profesor se percató del problema y le espetó:

– ¡Debes estar más atento Nautilus! Cuando lleguemos al ocho, tú debes tener todos tus tentáculos en alto.

Volvieron a repetir el ritual de conteo: «U-N-O», «D-O-S», … , «O-C-H-O».

Nuevamente Nautilus tenía un tentáculo hacia abajo.

El profesor, que no entendía el problema, se dirigió a Nautilus y le hizo acercarse para comprobar dónde se estaba equivocando.

-¡Venga Nautilus!

El profesor fue contando de uno en uno y comprobando que Nautilus levantaba correctamente el tentáculo que tocaba y, llegados al ocho, aún le quedaba uno por levantar. El profesor de matemáticas no salía de su asombro, nunca había conocido a nadie que tuviera más de ocho tentáculos, ni siquiera sabía cómo denominar a ese tentáculo de más. Las matemáticas de los pulpos no tenían una explicación para ello.

Ese mismo día se reunió el claustro de profesores del colegio para deliberar y tomar alguna decisión sobre lo que debían hacer con Nautilus. Algunos profesores, los más conservadores, eran tajantes y solicitaban la expulsión de Nautilus del colegio. Argumentaban que el sistema no estaba preparado para un caso como el de ese alumno. Otros, proponían hablar con los padres de Nautilus, para que lo llevaran a algún especialista que pudiera amputarle el tentáculo de sobra.

Finalmente, decidieron que el alumno podría volver al colegio, siempre y cuando camuflara su tara para evitar que otros pulpos se sintieran incómodos en su presencia.

Nautilus no alcanzaba a entender el problema, pero sus padres le obligaron a camuflar el tentáculo sobrante escondiéndolo bajo el uniforme del colegio.

Con el tiempo, al no usarlo, el tentáculo se fue atrofiando. Dejó de crecer y llegó a pasar desapercibido a ojos de los demás.

A pesar de que Nautilus nunca volvió a soportaba su desnudez ante un espejo, el sistema, incapaz de crear el nueve, consiguió hacer de él un pulpo de provecho.

Atribución del autor de la imagen de este cuento:  Diseñado por Freepik

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