Las «ovejaslobo»

Las ovejas lobo
892 palabras - 5 min. de lectura

El rebaño de ovejas pastaba siempre en el mismo prado. Anselmo, el pastor, y sus tres perros, Flin, Loco y Astuta, se encargaban de la seguridad del grupo. La peor de las amenazas venía de las montañas. A veces aparecía el lobo que con su inteligencia y estrategia traía de cabeza a Anselmo.

Los perros, fuertes y obedientes, seguían las instrucciones de éste y en las más de las ocasiones solo se perdían un par de cabezas de ganado. Los ataques, en este y otros rebaños, se producían siempre por sorpresa, ni pastores, ni perros, ni las propias ovejas eran capaces de preverlos.

En una época en la que los lobos se mostraban especialmente activos los pastores se reunieron para tratar de establecer algún tipo de estrategia encaminada a evitar más pérdidas de ganado. Hablaron largo y tendido mientras los perros, los favoritos de cada pastor, descansaban tumbados junto a sus amos.

Los pastores mostraban sus respectivos enfados y espetaban amenazas, pero había una idea común en todos contertulios. Todos hablaban de la gran inteligencia de los lobos y de lo torpes que eran las ovejas.

¡Qué pena que las ovejas no se parezcan a los lobos! -Decía uno de ellos.

Cuando finalizó la reunión, Anselmo volvió a su rebaño acompañado de Astuta. Ésta se encargó de contar a Flin y a Loco todo lo que habían hablado los pastores en la reunión y cómo le había llamado la atención el comentario sobre la inteligencia del lobo. Tris, la oveja más anciana del rebaño, oyó con atención todo lo que Astuta decía a sus colegas y, dado que siempre moría alguna oveja y nunca un lobo, admitió que los pastores estaban en lo cierto.

Tris comenzó a darle vueltas a esa idea y quiso tomar medidas. Reunió a todas las ovejas y expuso lo que había oído comentar a los perros y concluyó en que la solución a todos sus problemas radicaba en actuar como lobos. El eslogan de su mitin era «¡Seamos como ellos!» Las ovejas siguieron ciegamente los consejos de Tris y se crearon grupos de estudio sobre el comportamiento de los lobos.

En el siguiente ataque Tris fue la única víctima de la piara. Este fue un duro golpe para el rebaño. Tris era algo así como la oveja madre, la que lideraba cualquier movimiento o reivindicación. Su muerte la convirtió en una oveja mártir. Este quizás fue el detonante que las ovejas necesitaban para convertir en un movimiento real lo que había sido hasta entonces un conjunto de buenas intenciones.

Para parecerse a los lobos, las ovejas nunca se separaban del resto, siempre pastaban o paseaban junto a otras, en equipo. Como observaron que el arma utilizada por sus depredadores era su afilada dentadura de carnívoro, las ovejas comenzaron a afilar sus dientes utilizando finas piedras que los desgastaban por los bordes y los dejaban en forma de triángulo lo que posibilitaba ser clavados en la carne tal y como lo hacen los colmillos de los cánidos.

Para practicar sus nuevas aptitudes, las ovejas, siempre en grupos, arremetían contra otros animalillos a los que acorralaban y mordían hasta provocarles la muerte. Poco a poco, el gusto por la sangre fue haciendo acto de presencia en la piara e incluso, ya se veía alguna oveja que ingería la carne de sus presas.

Las ovejas del rebaño comenzaron a autodenominarse «ovejaslobo» Los lobos, que vieron la transformación que habían sufrido las ovejas de ese prado, no volvieron a atacar nunca más ya que temían el enfrentamiento y ser devorados por ellas. Por el contrario, las ovejas, que comenzaron a ser muy agresivas, peleaban entre ellas cada vez con mayor virulencia. Raro era el día en que no aparecía una oveja herida o muerta. Los perros tenían que andar con cuidado y tampoco se libraban de los ataques.

Anselmo, no sabía cómo controlarlas. Ya no le eran útiles y temía por su propia seguridad y por ello optó por dejarlas en libertad y no volver a encargarse de ellas. Las «ovejaslobo» se adentraron en las montañas y se dedicaban a cazar todo tipo de presas, se cuenta que incluso llegaron a saquear las granjas de la comarca.

Fueron perseguidas y se las consideraba muy astutas y peligrosas ya que, al igual que hacían los lobos, actuaban siempre en grupos perfectamente dirigidos. En épocas de escasez o cuando se producían peleas mortales entre «ovejaslobo» la ganadora terminaba por comerse a la víctima compartiendo su presa con el resto de «ovejaslobo» de su grupo.

Los niños aprendieron a temer a las ovejas, los hombres las perseguían como apestadas. En lugar de su lana se perseguía el trofeo de su cabeza colgada en una pared. Las propias ovejas se temían entre sí. Por desgracia para ellas, las ovejas habían dejado de ser ovejas.

Atribución del autor de la imagen de este cuento: Diseñado por Freepik

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