El burro Camilo

El burro de Camilo
1012 palabras - 6 min. de lectura

Camilo era un burro fuerte y de buenas maneras, su particular labia le había permitido ganarse el respeto del resto de animales de la comarca. Sin habérselo propuesto, y sin tener mucho más que aportar a la comunidad, se había convertido en el líder de la manada.

Todos los animales trabajaban en sus hogares, en las arboledas, en las huertas o en el interior de los bosques. Algunos recogían bayas y frutos secos, otros raíces y hierbas medicinales, otros, como las gallinas producían huevos y las vacas leche. Todos estos productos eran intercambiados en el mercadillo semanal y, de esta forma, quedaban cubiertas las necesidades de todos los habitantes de la comunidad.

El trueque era la forma de economía establecida en la comarca y cada producto era intercambiado por otro al que se le otorgara el mismo valor. El esfuerzo necesario o la dificultad requerida para conseguir cada mercancía era lo que establecía el criterio de asignación de valor. A veces, cuando los valores no coincidían, se hacía difícil el intercambio de cosas y eso provocaba que algunos de los distintos animales tuvieran que recolectar grandes cantidades de un bien de poco valor para poder intercambiarlo por una pequeña cantidad de un bien de gran valor.

Calixto era un precioso ejemplar de zorro y, aunque no tenía ninguna utilidad práctica para la comunidad, se percató del problema que generaba el trueque y gracias a su astucia e inteligencia fue capaz de ingeniar una forma de evitar el problema anterior. Dado que Camilo era el líder de la manada, Calixto sabía que si lo convencía a él toda la comunidad terminaría por aceptar cualquier propuesta. Se reunió con Camilo y le expuso su proyecto para simplificar las transacciones. Se trataba de eliminar el concepto de valor para sustituirlo por el de precio y para ello inventó un elemento de intermediación que denominó moneda.

Cada producto del mercadillo tendría un precio en monedas, así por ejemplo, a un huevo se le podría asignar un precio de una moneda mientras que un litro de leche se le asignaría el precio de dos monedas.

Un kilo de bayas podría tener un precio de cuatro monedas y así, todos y cada uno de los productos del mercadillo. Hacerlo de esta forma, evitaría que los animales tuvieran que preocuparse por el momento en que debían adquirir productos ya que bastaría con cambiarlos por el precio dispuesto en monedas.

Para comenzar, Calixto se comprometió a proporcionar las monedas y le entregaría, a cada uno de los animalillos, 100 unidades a cambio de que le devolvieran dicha cantidad transcurrido un año junto a un interés del 10%, es decir, cada animalillo debería devolver 110 monedas.

Camilo se dejó convencer por los argumentos de Calixto y convocó a toda la comunidad a una reunión para exponerles el proyecto de las monedas y su implantación inmediata. Cada uno de los presentes recibió una bolsa con 100 monedas a cambio de firmar un contrato por el que se comprometían a devolverlas en un año junto al interés pactado.

Pronto los miembros de la comunidad se dieron cuenta de lo cómodo que resultaba el uso de las monedas. Cada animal podía comprar productos sin necesidad de tener que aportar nada a cambio en ese momento salvo el número de monedas correspondiente al precio de lo comprado.

Poco antes del vencimiento del primer año los animalillos se dieron cuenta de que no habían sido capaces de reunir más de 100 monedas cada uno y, por tanto, no podrían devolver las 110 pactadas. Hablaron con Camilo y le expusieron el problema y este, que también tenía el mismo problema, les prometió intermediar con Calixto para resolverlo.

Cuando llegó el día en que se cumplía un año desde que los animalillos recibieron sus 100 monedas, Calixto se dirigió a la comarca y se entrevistó en primer lugar con Camilo. Éste le expuso el problema y el zorro, muy hábil como de costumbre, propuso una solución. Recogería las 100 monedas de cada uno de los miembros de la comunidad y les propondría un nuevo préstamo de otras 100 en las mismas condiciones que las anteriores, aunque, esta vez, él se cobraría las 10 adeudadas. Al burro Camilo le pareció una buena salida y reunió a todos para transmitirles la bondad de la propuesta de Calixto.

Todos los animales aceptaron de buen grado por la confianza que tenían en Camilo. Esta vez recibieron 90 monedas a cambio del compromiso de devolver 110 al finalizar el año. En fechas próximas al vencimiento de este nuevo contrato, los animalillos se dieron cuenta de que no eran capaces de conseguir reunir más que 90 monedas y volvieron a plantear el problema a Camilo el burro. Como él también lo tenía, les prometió que intermediaría con el zorro para darle una solución. Una vez más Calixto les propuso renovar el crédito de 100 monedas descontando 20 adeudadas.

Ahora todos los miembros de la comunidad tendrían 80 monedas a cambio de una deuda de 110 al finalizar el año. Este proceso se repitió durante los siguientes años hasta que finalmente la comunidad no recibió ninguna moneda a cambio de tener que devolver las 110 pactadas.

Ante esta nueva situación Calixto propuso, como fórmula para condonar la deuda y poder renovar el contrato de préstamo, que cada individuo de la comunidad le cediera su hogar y así fue como el zorro, el único animal incapaz de aportar ningún valor a la comunidad, se hizo con todos los bienes de la misma y, por extraño que parezca, con el consentimiento del burro de Camilo.

Atribución del autor de la imagen de este cuento: Diseñado por Freepik

¿Deseas que te avise cuando publique algo nuevo?
FORMULARIO DE SUSCRIPCIÓN PARA AVISO DE NUEVAS PUBLICACIONES

Otros cuentos recomendados

Recuerda que ninguno supera los 10 minutos de lectura

Razones para ser mejor

Regálate un libro

A través de la metáfora de los cuentos y relatos, el autor pretende despertar la conciencia de nuestro lado oscuro, de nuestra corresponsabilidad en todo o en parte de todas aquellas pequeñas tragedias que ocurren a nuestro alrededor.

Las ovejas lobo

Las “ovejaslobo”

En ocasiones nos dejamos llevar por la luz de un objeto reluciente, imitando sus pasos, emulando sus acciones, con el convencimiento de que, si actuamos así, conseguiremos el mismo éxito que aquel al que imitamos. El precio es dejar de ser nosotros mismos y la consecuencia, el más absoluto de los fracasos.

El jilguero enjaulado

El jilguero enjaulado

Qué triste es una vida de conformismo total. Una vida en la que no se corran ciertos riesgos, en la que no haya ningún motivo para que el corazón se acelere de vez en cuando.


¿Deseas que te avise cuando publique algo nuevo?
FORMULARIO DE SUSCRIPCIÓN PARA AVISO DE NUEVAS PUBLICACIONES