Bimba, la cervatilla maltratada

Bimba, la cervatilla maltratada
1404 palabras - 8 min. de lectura

Bimba estaba siendo educada por sus padres para ser una buena cierva. Sus progenitores la protegían y siempre estaban pendientes de sus actos, de sus comentarios y de sus amistades. Supervisaban sus progresos en el colegio y la maestra siempre elogiaba a Bimba por su inteligencia y por el tesón que ponía en la realización de las tareas diarias. Era previsora y ayudaba a todos sus compañeros. Se le auguraba un fantástico futuro.

El cariño con el que trataba a todos los que la rodeaban y su particular simpatía, hacían que Bimba no pasara desapercibida para nadie. Bimba sabía escuchar a los demás y siempre tenía una frase amable para todo el mundo.

Lucano era un cervatillo solitario que en el colegio destacaba por su escasa afición al estudio. Rara vez hacía los deberes y jamás había sido capaz de aprobar un examen.

La maestra pensó que Bimba podría echarle una mano para reconducir la actitud de Lucano y habló con ella para proponérselo. Bimba aceptó y a partir de ese día ambos se sentarían en pupitres contiguos y así harían juntos los deberes. Pronto se vieron los resultados. Lucano comenzó a interesarse por el estudio y su nivel de conocimientos aumentó sensiblemente.

El padre de Lucano no mostraba ningún interés por los estudios de su hijo, en realidad, no mostraba ningún interés por nada que tuviera que ver con Lucano. Bebía hasta emborracharse cada día y, cuando Lucano llegaba a casa, descargaba en él toda su ira y sus miedos. Por desgracia, la madre de Lucano había fallecido cuando él era apenas un bebé y, por tanto, no tenía a nadie que pudiera defenderle.

Cuando Bimba se enteró de esto, sintió una gran lástima por Lucano y, a diario, le invitaba a quedarse en su casa hasta que se llegaba la noche. De esta forma, cuando Lucano regresaba a su hogar, encontraba a su padre durmiendo la borrachera y evitaba sus insultos y maltratos.

Compartir tanto tiempo juntos hizo que Bimba empezara a ver a Lucano de manera diferente. En todo momento pensaba en él. Si algún día Lucano no aparecía por el colegio, o no iba a verla por las tardes, Bimba se entristecía y preocupaba. Por otro lado el trato que Lucano recibía de Bimba habían hecho mella en su corazón. Los cervatillos se estaban enamorando.

Pronto los juegos inocentes dejaron paso a roces y caricias y en poco tiempo llegó el primer beso. Para ambos todo esto era nuevo. Cuando estaban juntos sentían unos agradables cosquilleos en sus vientres.

La forma de ver sus mundos estaba cambiando y los cuerpos de Bimba y Lucano empezaron a hablar por sí mismos. Cada roce invitaba al siguiente y cada beso les hacía sentir que volaban. De repente todos sus miedos desaparecieron y se vieron envueltos en un maravilloso juego de amor que les hizo estallar en su interior un extraordinaria traca de fuegos artificiales. Ambos quedaron exhaustos tumbados en el suelo y mirándose. Finalmente llegó la noche y partieron para sus casas.

La experiencia les gustó tanto, que cada vez que se veían a solas, volvían a repetirla. Los dos jóvenes cervatillos no podían creer que tanta felicidad fuera posible. Ya no imaginaban el mundo el uno sin el otro. Un día Bimba se sintió mal, estaba mareada y vomitaba con frecuencia. Su madre intuyó lo que estaba pasando y, preocupada, le preguntó acerca de su relación con Lucano. Bimba le confesó lo que hacían y ambas se abrazaron llorando. Lo malo aún estaba por llegar.

El padre de Bimba era un ciervo muy conservador y un poco chapado a la antigua. Ambas sabían que no se vendría a razones. Él solo deseaba lo mejor para su hija, quería que estudiase, que fuera una cierva importante y que encontrase un ciervo apuesto y de buena estirpe con el que crear una familia de bien. Cuando llegó el padre, la madre expuso la situación. Entró en cólera, no podía creerse lo que estaba oyendo. No entendía cómo su hija podía echar a perder su vida de esa manera. ¿Qué pensarían sus familiares y amigos? ¿Cómo podrían explicar algo así?

Finalmente, el padre optó por no dejar salir a Bimba hasta que no diera a luz y, de esta manera, ocultarle al mundo su vergüenza. Cuando Lucano se enteró de lo sucedido se desplazó hasta el jardín de la casa de Bimba para poder verla, solo quería estar cerca. Ella no dejaba de llorar durante el día y la noche. Estaba enfermando, apenas comía y a él se le rompía el corazón. Lucano ideó un plan para acabar con el martirio de Bimba. Le prendió fuego a unas ramas cercanas a un granero y empezó a gritar -¡F U E G O! ¡F U E G O!

De esta forma consiguió que los padres de Bimba salieran de su casa alarmados y, mientras apagaban el fuego, entró en la casa, se cargó a hombros a la joven cervatilla. Corrió hasta agotar todo su aliento. Bimba recobró la alegría y ambos caminaron juntos sin tregua hasta que llegaron a un paraje del bosque que les pareció un bonito lugar para crear su propio hogar.

En pocos meses, la barriga de Bimba había crecido sensiblemente. Llevaba más de 240 días de gestación y el parto se barruntaba cercano. Caminaba con dificultades y se cansaba rápidamente. Lucano aprovechaba las paradas para afilar sus cuernas contra los árboles. Estaba preparado para protegerla del ataque de cualquier fiera o alimaña.

Durante una noche de verano Bimba parió un precioso cervatillo a la que llamaron Luno por haber nacido bajo una intensa luna llena.

A partir de ese momento, todas las atenciones de Bimba irían dirigidas hacia el nuevo miembro de la familia, mientras tanto, Lucano se encargaba de realizar todos los trabajos: buscaba comida, recogía troncos de madera y ramas secas para poder hacer fuego y recolectaba hierbas y bayas para que Bimba comiese y amamantase a Luno.

Apenas había contacto físico en la pareja. El parto había dejado malherido el cuerpo de la cierva. Cada día se encontraba más débil y poco a poco su luz se fue apagando. Finalmente, tras el destete de Luno, Bimba, ya sin fuerzas, suspiró y dejó que su alma abandonara su cuerpo para siempre.

Lucano no podía creer lo sucedido, se autoinculpaba por la pérdida de Bimba. Los sentimientos hacia su hijo se vieron afectados, comenzó a verlo como un cervatillo inútil y la causa de todos sus males. Las riñas eran cada vez más frecuentes.

Si Luno se sentaba era un vago, si estaba de pie estorbaba, si salía a jugar era un irresponsable… Luno no hacía nada bien. Los frecuentes maltratos abrían paso al odio y al miedo, Lucano empezó a refugiarse en la bebida y Luno, atrapado en el presente, maldecía el pasado por haberle arrancado la protección de su madre. Ni siquiera tenía fuerzas para mirar hacia el futuro.

Desde la muerte de Bimba la vida de Luno ya no volvería a ser la misma. Cada día, cuando volvía del colegio, su padre, normalmente ebrio, descargaba en él todo sus miedos en forma de insultos y malos tratos.

No es extraño, por tanto, que Luno fuera… «un cervatillo solitario que en el colegio destacaba por su escasa afición al estudio, que rara vez hacía los deberes y jamás había sido capaz de aprobar un examen».

Así es como este relato se convierte en un círculo cerrado que quizás nunca se rompa. Yo no puedo escribir un desenlace para este cuento porque, por desgracia, esta pequeña historia necesita de que todos y cada uno de nosotros aporte su parte del final.

Atribución del autor de la imagen de este cuento: Diseñado por Freepik

¿Deseas que te avise cuando publique algo nuevo?
FORMULARIO DE SUSCRIPCIÓN PARA AVISO DE NUEVAS PUBLICACIONES

Otros cuentos recomendados

Recuerda que ninguno supera los 10 minutos de lectura

Razones para ser mejor

Regálate un libro

A través de la metáfora de los cuentos y relatos, el autor pretende despertar la conciencia de nuestro lado oscuro, de nuestra corresponsabilidad en todo o en parte de todas aquellas pequeñas tragedias que ocurren a nuestro alrededor.

El bosque del tiempo

El bosque del tiempo

El paso del tiempo es inexorable y nos marca con miedos, atrevimientos, pasiones y todo tipo de emociones y sentimientos encontrados.

La tela de la araña

La tela de la araña

Nuestros propios temores, nos ayudan a protegernos, pero en ocasiones nos protegemos tanto que nos ahogamos en nuestras propias babas.


¿Deseas que te avise cuando publique algo nuevo?
FORMULARIO DE SUSCRIPCIÓN PARA AVISO DE NUEVAS PUBLICACIONES